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Cefalea
Es un trastorno muy frecuente, pero en menos del 1% de los casos se debe a una enfermedad grave. Este pequeño porcentaje incluye las cefaleas debidas a conmoción cerebral, meningitis, encefalitis, apoplejía o tumores cerebrales. La cefalea también puede estar producida por una mala alineación de la mandíbula y los dientes, por una patología de la columna cervical (artrosis, esguince), por ingerir alimentos muy fríos o ricos en nitritos o glutamato sódico, o por supresión de la cafeína en pacientes habituados a ella.
La mayoría de las cefaleas son primarias: migrañas, cefalea en cluster, o cefaleas tensionales. La migraña es una cefalea intensa y recurrente, a veces acompañada de latidos o pulsaciones intracraneales, náuseas, fotofobia y/o alteraciones de la visión. Está producida por alteraciones vasculares de las venas pericraneales. La cefalea en cluster o 'en racimo' es similar a la migraña, pero su duración es más corta, ocurre todos los días durante semanas o meses, y se localiza alrededor de un ojo. La cefalea tensional es un dolor de cabeza de localización difusa, de causas poco claras, que suele estar producida por un exceso de tensión en los músculos de la cara, del cuero cabelludo o del cuello.
Las cefaleas son tan frecuentes, y a veces tan difíciles de aliviar, que se han desarrollado unidades específicas para su diagnóstico y tratamiento. La mayoría de las cefaleas tensionales responden a los analgésicos suaves como la aspirina y el paracetamol. La migraña grave y las cefaleas en cluster no responden a la aspirina, pero se pueden tratar con fármacos vasoactivos. Muchas cefaleas primarias mejoran con técnicas de bio-feed-back.
Hipertensión Arterial
La hipertensión arterial es una elevación sostenida de la presión arterial sistólica y/o diastólica que, con toda probabilidad, representa la enfermedad crónica más frecuente de las muchas que azotan a la Humanidad. Su importancia reside en el hecho de que cuanto mayores sean las cifras de presión, tanto sistólica como diastólica, más elevadas son la morbilidad y la mortalidad de los individuos. Esto es así en todas las poblaciones estudiadas, en todos los grupos de edad y en ambos sexos.
No obstante, los estudios epidemiológicos sobre la presión arterial de distintas poblaciones han demostrado que su distribución es continua y no bimodal, por lo que resulta difícil saber qué cifras de presión son normales y cuáles elevadas. En consecuencia, la distinción entre normotensión e hipertensión es puramente arbitraria. Los niveles absolutos de presión arterial varían no sólo con la edad, sino también con el sexo, la raza y muchos otros factores. Así, aumenta con el ejercicio físico y psíquico, el frío, la digestión y la carga emocional. Además, la presión arterial no es constante a lo largo de las 24 horas, sino que varía mucho durante el día y la noche, tanto en normotensos como en hipertensos.
La relevancia clínica de la hipertensión no reside en sus características como enfermedad en el sentido habitual de la palabra, sino en el incremento del riesgo de padecer enfermedades vasculares que confiere, el cual es controlable con el descenso de aquélla. El diagnóstico sindrómico de hipertensión se establece después de tres medidas de presión arterial separadas, como mínimo, por una semana (a no ser que el paciente presente una presión sistólica mayor de 210 mm Hg y/o una presión diastólica mayor de 120 mm Hg), con un promedio de presión arterial diastólica igual o superior a 90 mm Hg y/o una presión sistólica igual o superior a 140 mm Hg, para un adulto a partir de los 18 años. La hipertensión se clasifica en estadio 1 (ligera) cuando la presión sistólica es de 140-159 mm Hg y/o la diastólica de 90-99 mm Hg; estadio 2 (moderada) cuando la presión sistólica es de 160-179 mm Hg y/o la diastólica de 100-109 mm Hg; y estadio 3 (grave) cuando la sistólica es igual o superior a 180 mm Hg y/o la diastólica igual o superior a 110 mm Hg . Si la presión sistólica y diastólica caen en distintas categorías, el individuo debe clasificarse como perteneciente a la mayor de ellas. Todos los estadios, incluso la hipertensión ligera, se asocian a un mayor riesgo cerebrovascular, cardiovascular y renal. Además, el médico debe especificar la presencia o ausencia de daño orgánico por la hipertensión (en corazón, cerebro o riñón) y de los factores de riesgo vascular asociados, pues son determinantes para el tratamiento.



